lunes, 26 de noviembre de 2018

La libertad de expresión: defendamos el humor!

  En este mi segundo artículo, la temática viene cargada de discusiones y debate, estoy convencida, y abierta a los comentarios que estéis dispuestos a hacerme llegar. Por ello, voy a partir del texto que recoge la Constitución Española, así como de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, sobre la libertad de expresión, de los datos que nadie puede negar y, a raíz de la definición de este derecho, abordar el tema desde mi perspectiva personal.

Mito de la libertad de expresión

  Según el Artículo 20 de la Constitución Española de 1978, que recoge el concepto de libertad de expresión, todo español tiene "derecho a difundir libremente pensamientos, ideas y opiniones, de palabra, por escrito o por otro medio de reproducción; derecho a la libertad de creación y producción literaria, artística y científica; (...), y el derecho a comunicar o recibir libremente información veraz por cualquier medio de difusión (...)". Y para que quede más claro aun y echando la vista más atrás si cabe recurriremos también al  Artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, aprobada en 1948, que recoge lo siguiente: "Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitaciones de fronteras, por cualquier medio de expresión" (Mito de la libertad de expresión). A priori solo son una retahíla de palabras, pero más necesarias de lo que nos creemos en los tiempos que corren,

  El derecho a la libertad de expresión, que inherentemente todo ciudadano español tiene, es considerado como un derecho fundamental, lo que se traduce en que es uno de los derechos más importantes recogidos en la Constitución junto a la sanidad, la educación, una vivienda digna o la igualdad ante la ley. Por lo tanto, es para sentarse un momento y reflexionar seriamente: ¿de verdad era necesario armar tanto revuelo cuando un humorista tan consagrado como Dani Mateo sale en un sketch sonándose los mocos con la bandera española? Porque no veo el mismo revuelo cuando a diario una nueva noticia sobre corrupción salta a la parrilla de los medios de comunicación, que como bien sabréis de eso se encarga el comisario Villarejo - alias Agente 007: licencia para Grabar - y las conversaciones que tiene con sus amiguitos políticos.

  Tenemos en nuestras manos ese preciado tesoro que es el derecho a la libertad de expresión, usémoslo. Utilicémoslo para salir a las calles y que nuestras críticas sean escuchadas, porque cada vez que se destapa un nuevo caso de corrupción nos están contando que nos han vuelto a robar en nuestras narices. Pero nadie hace nada. Todo nos parece perfecto. Otro caso de corrupción, si total ... Y sinceramente os lo digo, me cuesta tanto, pero tanto trabajo creer que estemos en este punto con respecto a las libertades... Tras siglos de lucha para poder tener derechos que hoy damos por sentados (Sobre la libertad de expresión) , tras más de cuatro décadas de franquismo y represión, tras tanto sufrimiento y miseria en la que si no pertenecías al bando sublevado acababas fusilado en un paredón, y que nos quedemos como si nada, cuando entre un puñado de falsantes que dicen velar por los intereses de nuestro país, están acabando con lo más valioso que tenemos: el derecho a pensar por nosotros mismos.

 Defendamos el humor
  Defiendo aquí el papel del humor en todas sus variantes (actores, monologuistas, tuiteros, dibujantes, titiriteros...). El humor es una herramienta más que valida para hacer nuestras reivindicaciones, siempre teniendo presente que cualquier chiste que ahora mismo se os pueda pasar por la cabeza va a molestar a algún colectivo, aunque sea lo más inocente del mundo. Por eso, hemos de entender el humor como una válvula de escape, como la vía rápida para dar forma a nuestras frustraciones y convertirlas en un momento divertido. El humor no es el problema cuando hablamos de libertad de expresión, sino más bien el uso que nosotros como consumidores de información hacemos precisamente de ésta, porque, señoras y señores, los titulares sólo son señuelos. Y me explico, porque nadie me podrá negar que en alguna que otra
Internet y la información
ocasión os habéis quedado sólo con el titular de una noticia que habéis visto cotilleando Facebook, o peor aún, os habéis basado simple y llanamente en un tweet que habla sobre un tema en particular. Pues os puedo asegurar que no llegáis ni a imaginar la de vueltas que puede dar una información si la leemos y analizamos en su conjunto, si vamos más allá de los señuelos que nos ponen por "titulares" en determinados casos.Y las redes sociales son las que se llevan el premio gordo en lo que a manipulación informativa se refiere.

  Por libertad de expresión entiendo que somos las personas las que movemos el mundo, esos seres que gozamos de unas libertades pero también estamos sujetos a unas obligaciones. Y muchas de esas personas eligen el humor como vía para opinar sobre aquello que les jode la vida, sin intención alguna de ofender al que piense de forma distinta, sólo sacando el lado divertido y canalla de aspectos no tan graciosos como es el ejemplo de los casos de corrupción al que nos hemos referido anteriormente.

  Llegados a este punto del artículo la pregunta es obligada: ¿se puede poner límites a la libertad de expresión? Parafraseando al cómico español, Goyo Jiménez, no lo explico, lo ejemplifico: imaginaros que un asesino en serie alza la voz diciendo que tiene la libertad de asesinar a cuantas personas quiera, es la forma en la que decide expresarse. Evidentemente nadie debería estar de acuerdo con esta afirmación tan descabellada - o vamos eso espero por lo menos -. Este personaje opta por esta vía para expresar, pero el kit de la cuestión viene en que actuando de esta manera está acabando con la libertad de aquellas personas a las que asesina, Por lo tanto, la libertad en general, y de expresión en particular, se pone en jaque en cuanto se atente con la de otra persona. Sé que es un ejemplo un tanto exagerado, pero clarificador cuanto menos.

  El objetivo final de este artículo es pues intentar haceros ver que gozamos de una "libertad de expresión manipulada" - lectores única y exclusivamente de titulares -, que somos "marionetas del poder" como nos recuerdo el personaje de Antonio Recio constantemente - somos tendentes a creernos lo primero que leemos -, y que tendemos a focalizar el conflicto en una cara visible (como en el caso de Dani Mateo, el famoso sketch es fruto del trabajo de un gran grupo de personas). Y que, en mi opinión, no hay mejor forma de quitarle hierro a los asuntos serios que recurriendo al humor y echarnos unas risas.

  Salgamos a la calles, inundemos las redes sociales, hagámoslo poniendo al humor por bandera, el símbolo que todos deberíamos tener presente cuando nos acechan las malas noticias, cuando nos joden nuestros representantes políticos. ¡'VIVA EL HUMOR!


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